A veces le escribo al recuerdo de alguna sensación. Escribo por añoranza, por nostalgia, por amor o desamor, porque el día amaneció nublado, por la lluvia o porque sí.
“Yo no me quiero curar de su olor, ni de su voz, ni de ese palpitar acelerado con solo sentirlo cerca. Yo no me quiero curar de su risa, ni del calor de su abrazo. No me quiero curar de aquel que me llamó Su Puerto, que me cubrió de besos y se hizo ovillo conmigo. El tiempo todo lo cura, pero el amor es locura y yo, señores, insisto: Yo no me quiero curar.”